miércoles, 14 de febrero de 2007

el arma plateada

Ya estoy arto de la estepa que recorro, del sol que me consume, que me deja sin una sola gota de sudor; sudor que a la ves es devorado por mi ropa; ropa que el único uso que tiene en este ínfimo lapso de tiempo es el de un horno para mi cuerpo ya quemado por el sol; ropa que me quitaría de no ser por su protección contra los abrasadores rayos de sol, que perforarían mi piel y consumirían totalmente los músculos y las viseras que me cubren. Ya estoy cansado de los cactus y los helechos que se postran sobre el pavimento arenoso; esa arena que hace arder mis pies; sobre los que se encuentran mis zapatos, que me quitaría de no ser por la superficie ardiente sobre la que se paran. Ya me cansé de caminar sin llegar a ninguna parte, ver las mismas montañas pardas que se ocultan en el horizonte. Debe de ser ya el medio día y aún siento la necesidad de descansar por un rato, pero no hay roca fría sobre la cual descansar, ni árbol que me preste por un momento su sombra, solo estos helechos y estas rocas planas que semejan sartenes hirviendo, y se que de encontrar un lugar para descansar las moscas devorarían mi cuerpo, por que ellas al igual que yo están sumamente hambrientas.

De mi mano derecha cuelga una pistola que alguna vez robé a un pistolero importante despues de morir, recuerdo que fui yo quien lo mató, creo que le clavé una daga en el corazón o en el hígado, el calor ya no me deja recordar con claridad, creo que empeñé esa daga y ya no la volví a ver. Mi camisa está manchada de sangre o al menos con una sustancia parecida a ella de color púrpura rojizo, gracias al maldito que me encontré en una de esas inmundas cuevas de las montañas del norte, recuerdo que el infeliz tenía once patas y que de su fauces bramaban lamentos de ira, enrojecidos con el olor a la sangre que le llenaba la boca, y gritaba enfurecida, llena de odio, y de su rostro deforme brotaba baba y moco de un color claro que no era visible en su totalidad, pero estaba ahí, podía sentirlo y olerlo, le colgaba de aquellos ojos rojos encendidos con fuego y de esos colmillos amarillos y largos como navajas, y sus manos eran tan delgadas como las mías en este momento, tenían unas uñas negras descuidadas, quizás de tanto escarbar las rocas y de rasguñar las paredes de la cueva. Pero aún así le volé la tapa de los sesos, de el solo quedó el aire que soltó despues de su ultimo respiro. Todavía siento la furia que me izo sentir el que me manchara mi camisa, pero lo castigué por eso, mientras moría, le perforaba partes o vitales de su cuerpo con balas enardecidas, seguí disparándole hasta que se quedó inmóvil por el dolor, lamento en este momento haber malgastado mis balas, ya que en este momento solo me queda una, que probablemente utilizaré despues.

Ya quiero llegar a alguna parte, solo quiero morir en algún lado, de lo contrario no existiría, moriré en el profundo infinito de mi mente, que se desaparecerá despues de unos momentos de estar tirado en la arena, pero, si en cambio, puedo llegar a un pueblo podré reencarnar en la mente de otras personas, podré morir como el hombre que cruzó el desierto, y llegó a algún lado para morir y dejar mi pistola plateada, para que despues de mi muerte alguien la tome, y con ella pueda conservar el legado de los pistoleros, continuar matando por reputación, eso es lo que quiero, pero en este momento tengo mas esperanzas de morir debajo de una sombra que de un pueblo. Ahora mi mente juega con migo, me ha hecho ver cosas que no están ahí, he visto todo tipo de cosas: mi madre, mi hermano, una mujer a la que amé alguna vez, y en este momento veo un pueblo que se extiende delante de mí, pero, no, no es posible que sea, los he visto miles de veces, cuando llego solo son simples formaciones rocosas que parecen jamás haber sido tocadas, por el momento es mejor no hacerme falsas esperanzas, se me cierran los ojos del cansancio.

El pueblo que alguna ves había visto a los mas grandes pistoleros crecer sobre el, estaba siendo destruido, e irónicamente era destruido por la ausencia de estos mismos, ya que el pueblo estaba pasando por una sequía y no había dinero suficiente para comprar una arma, pero aún así a la criatura gigante que destruía el lugar le importó muy poco eso, con sus musculosos brazos rompía las casas hechas de barro, y al ver a una persona correr, le perseguía hasta alcanzarle, para despues devorarlo completo con sus enormes fauces y aún así seguía hambrienta por que no había nada que llenara su enorme estomago. Proyectaba el terror al verle a los ojos rojos brillantes, y su rostro semihumano, y se deslizaba sobre veloces piernas de león, necesariamente musculosas, para poder soportar el peso de aquel animal. Pero de la frente del monstruo brotó un borbotón de sangre y carne, que creció gradualmente conforme pasaban los segundos, y un hoyo comenzó a formarse dentro de este, y a través del hoyo era visible la figura desvalida del pistolero, derrumbándose en el instante en que el hoyo alcanzó su diámetro máximo, el pistolero dejó caer su brazo junto con la pistola. En aquél instante los habitantes alcanzaron a oler la mezcla de sangre y pólvora, como carne quemada, que se impregnaba en el aire del pueblo, y el monstruo se derrumbó al igual que el pistolero.

Despues de eso en todo el pueblo se difundió la historia del héroe desconocido, de cómo pudo derrumbar al monstruo que atacaba al pueblo, y le levantaron una estatua en su honor, y así se volvió eterno, por que aquel día no murió, renació en los pensamientos de los habitantes del pueblo, ya que ahora era su redentor, sólo los individuos existen, si es que existe alguien, dijo alguna vez Borges. Pero al pasar el tiempo el pueblo fue destruido por la sequía, al igual que sus habitantes, y se volvió un espejismo. Y todo aquello, el pueblo y el planeta, se perdieron en el infinito. Y los hechos que hoy describo jamás ocurrieron, no son más que parte de la nada que nos rodea, no son más que palabras, letras y signos, nuevamente parte del eterno infinito.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Wow!, Pedro, el maestro de la Narrativa...

Anónimo dijo...

es como el lockhart
pero sin anatomia
esta chido jejejeje

Anónimo dijo...

profesor ablando de sus sabidurias eternas as nacido con el don.

Anónimo dijo...

muy sabio hermano



muy sabio.

Unknown dijo...

Ey holaaaaaa!!! estoy completamente sorprendida. Nunca pensé que tu escribieras así; a mí también me gusta escribir así que tenemos eso en común. Quiero decirte que me pareció excelente tu historia, muy profesional y descriptiva. Sigue escribiendooo, se nota en tan solo leer algunos fragmentos tu talento. Saludos. =D

Anónimo dijo...

Me gusta el cambio de narrativa, además de la siempre desesperanza del ser. Se notan tus influencia, y me gustan. Sigan escribiendo.

Con esperanza,

Lino

Anónimo dijo...

pedritooooo
holis!!!

quede super impresionada con tu historia, esta padrisima, maravillosa, espectacular, que te puedo decir, tu naciste para esto, tines mucho talento, sigue asi!!!!

ba bay
cuidate

Anónimo dijo...

un bello ejemplo de la literatura mexicana contemporanea

cuidate maestro y sigue escribiendo

padilla dijo...

bien por ustedes señores, que no muera la verdaera juventud, que siga viva en el anhelo ferviente de edificar una sociedad mas equilibrada